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La falsificación de documentos es una práctica que se ha multiplicado en los últimos años. La criminalidad está aumentando y las redes internacionales han adquirido tal maestría que cada vez resulta más difícil detectar si un pasaporte o un cheque son falsos.
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El negocio multimillonario de la falsificación de documentos es un fenómeno que parece haber hecho furor entre las grandes mafias de delincuentes. Y es que, precisamente, los grandes y fáciles beneficios que se obtienen con esta práctica han hecho que en los últimos tiempos este delito haya aumentado de forma considerable.
La especialización que se necesita para falsificar pasaportes, carnets de identidad, permisos de residencia, de trabajo, visados o hasta carnés de conducir, ha llevado a los delincuentes que se dedican a ello a crear enormes entramados en los que trabajan desde químicos, impresores a informáticos que utilizan las técnicas más avanzadas en la elaboración de estos documentos.
También para estas redes trabajan ladrones que roban los documentos a sus titulares para luego manipularlos, sustituyendo, por ejemplo, la fotografía, o bien los sustraen en blanco de las legaciones diplomáticas o de los organismos oficiales de cualquier país del mundo.
El nuevo DNI digital, a prueba de falsificaciones
Las redes que se dediquen a la falsificación de documentos lo van a tener más complicado en nuestro país con el nuevo DNI digital. Este es el reto con el que se van a elaborar las nuevas tarjetas de identificación que se espera estén en manos de los primeros 100.000 titulares antes de 2005.
Como principal novedad se avanza que tendrán un chip con capacidad para almacenar datos, procesar información y alojar aplicaciones pagos, control de acceso a zonas restringidas o verificar la identidad en Internet elemento al que se suma la huella y la fotografía digitalizados, que serán imposibles de falsificar.
DOCUMENTOS BANCARIOS
Otros documentos susceptibles de falsificar también son las cartas-órdenes de transferencias bancarias, los cheques y los pagarés, actividad que permite a los delincuentes cometer grandes estafas bancarias e inmobiliarias. Para ello sustraen la correspondencia postal de los buzones de correos de los polígonos industriales y se apoderan de estos documentos para luego manipularlos.
Suelen alterar las declaraciones de cantidad, aunque siempre por un importe inferior a 3.000 euros para evitar las comprobaciones que realizan los bancos si la cantidad es superior, y también el beneficiario, que siempre será un colaborador que utilizará un DNI o un pasaporte falso.
En otros casos, con los robos en los buzones de correos obtienen la información bancaria de las sociedades mercantiles y, previa apertura de cuentas bancarias, pueden llegar a falsificar hasta una carta-orden de transferencia dirigida a la entidad bancaria con la que operan para traspasar cantidades millonarias.
Pero toda esta sofisticación y meticulosidad con las que trabajan los falsificadores tiene que superar los obstáculos que, en el caso de nuestro país, por ejemplo, interpone la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre en la elaboración de los documentos de identificación: papeles especiales con marca de agua, fibras luminiscentes, hilo de seguridad, calcografías, tintas especiales o grabados con láser son, entre otros, algunos de los sistemas de seguridad que incorporan.
De hecho, el pasado año se añadieron nuevos elementos a nuestros pasaportes para hacerlos más seguros, como la lectura electrónica o la fotografía digital, medida a la que se va a sumar en esta lucha contra la falsificación de documentos la entrada en circulación del nuevo DNI digital, que llevará los datos encriptados en un chip y la huella y la fotografía digitalizadas.
DESTINATARIOS
Los principales clientes de este tráfico de documentos falsos suelen ser las redes de inmigración ilegal, las organizaciones terroristas o las bandas de narcotraficantes. Ocultar la verdadera identidad de un delincuente o simplemente entrar de forma ilegal en un país para poder establecerse es el objetivo con el que se utiliza un documento falsificado, que puede llegar a costar hasta 6.000 euros, un millón de las antiguas pesetas.
Sin embargo, y pese a que como resultado de esta actividad se pueden cometer otro tipo de delitos más graves, nuestro Código Penal contempla en un capítulo dedicado enteramente a las falsificaciones penas muy leves para quienes se dediquen a ello: un máximo de seis años de cárcel para aquellos que falsifiquen documentos públicos, e igual sanción por tenencia de útiles, materiales, instrumentos, sustancias, máquinas, programas de ordenador o aparatos, específicamente destinados a la comisión de los delitos de falsedad documental.
INTERVENCIÓN POLICIAL
Pese al aumento de las falsificaciones en los últimos años parte de este negocio parece haber hecho aguas de forma reciente gracias a la cooperación de la Policía española con la tailandesa. Esta colaboración ha dado sus frutos abriendo un camino importante en la persecución del delito de falsificación y tráfico de documentos hacia España, tras desarticularse a finales del pasado año una de las más grandes redes de falsificadores instalada en el país asiático.
Tailandia ha sido hasta hace poco uno de los principales centros de producción de documentos falsos, que se ha extendido a países como Colombia, Argelia, Nigeria o Rumania. Allí se localizó una fábrica de falsificaciones que utilizaban las redes internacionales de tráfico de personas para introducir en España y en otros países del espacio Schengen a miles de inmigrantes ilegales. Tanto en nuestro país como en Tailandia se localizaron numerosos paquetes postales que contenían gran variedad de documentos falsos confeccionados con las técnicas más sofisticadas.
MELILLA, A LA CABEZA
En España Melilla parece ser el centro del tráfico de los documentos falsos si tenemos en cuenta la cifra de operaciones policiales que se han llevado a cabo durante el pasado año en la ciudad autónoma: casi trescientas que se han saldado con otras tantas personas detenidas. Madrid no se queda atrás, con más de 150 detenciones en el centenar de operaciones realizadas.
Un sello de máxima seguridad
Para evitar falsificaciones de los documentos públicos los notarios españoles utilizan unos sellos de seguridad elaborados por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Se trata de unas etiquetas adhesivas que incorporan las últimas tecnologías en materia de seguridad, como tintas invisibles que sólo se detectan con una lámpara de luz ultravioleta, microtextos y fondo de seguridad, además de tintas delebles que desaparecen si se trata de despegar la etiqueta de una escritura para utilizarla en otra.
Los sellos están numerados para poder invalidarlos en caso de robo o de pérdida, y se utilizan en todos aquellos documentos en los que el notario estampa su firma, signo y rúbrica, salvo en las matrices, los originales en poder del notario que se incorporan a su protocolo. Se destinan, por lo tanto, a las copias autorizadas de las escrituras y actas, así como en los testimonios, en las legalizaciones y en las legitimaciones de firmas.
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